Y no se trata
tan sólo de una dimensión formal, ya que también
los casilleros le permiten saltar de una técnica a otra, de la
acerada pintura acrílica a la untuosa sensualidad del óleo,
y mismo a procedimientos más distanciados de la subjetividad como
también el aerógrafo, la serigrafía
y matrices fotográficas.
Estas obras
tienen como punto de partida el gusto especial que produce todo juego
combinatorio que permite el acercamiento de mundos a los que se ha llegado
por azar y que- por lo mismo- desencadenan una lógica oculta de
aspectos preconscientes.
Logra de esta manera difuminar tanto las abstracciones teóricas
como la aparente concreción de la realidad.
La presencia
de una geometría perceptivamente inestable en sus pinturas implica,
como corresponde a nuestra época "un extrañamiento
de la razón ante si misma". Es también resultado inevitable
de una época que reclama para sí "el perspectivismo
de todas las perspectivas. Busca y soporta las contradicciones en que
se encuentra y construye su obra sobre las ruinas de la creencia idealista
de la razón apuntando claramente a la pluralidad de la vida.
Por eso ante
estos multidimensionales casilleros es oportuno referirse a aquella feliz
metáfora pergeñada por Italo Calvino en las Ciudades Invisibles
donde Marco Polo le muestra al Gran Kan Kublai obsesionado por jaquear
a su opositor con su rey, reina, caballos , torres, alfiles y
peones, que en su tablero de ajedrez no sólo se encuentra el abstracto
juego del blanco y negro de la pura razón que reduce la variedad
de lo existente a una telaraña de relaciones entre conceptos generales,
un emblema de la nada, sino que también está hecho de una
taracea de dos
maderas arce y ébano.
Que sus cuadrados fueron tallados de la madera de un tronco que creció
durante un año de sequía y fue azotado por las heladas de
la noche y que dejara particularísimas huellas en sus estrías
y nudos , u otros signos que delatan las trazas de nidos de larvas que
llevaron a que ese árbol fuera talado o demás corre a cuenta
de la imaginación.
"Polo
le estaba hablando ya de los bosques de ébano, de las jangadas
que descienden los ríos, de los atardeceres... de las mujeres en
las ventanas...
Ante los
casilleros de las pinturas de Casterán nos encontramos como Kublai
ante las teselas de su tablero de ajedrez abismados por la cantidad de
cosas que en ellas se pueden leer , todo inocultablemente teñido
por nostálgica y evanescente visión del pasado perdido de
la pintura- pintura.