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Los murales del nuevo Montevideo

DIARIO EL PAIS – Domingo 29 de abril de 1990 – Miguel Carbajal
La “Pintura Dialéctica”

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.....No parece conveniente resumir a Casterán en sólo una lectura lineal: la de aplaudir la solvencia técnica de sus trabajos o reconocer la armonía cromática con que se mueve a través de grandes formatos. La vigencia de un Casterán que menudea en murales, ha realizado por lo menos una decena de obras vinculadas a espacios públicos y es obviamente un plástico que sabe llegar a la gente, corre por el andarivel de un lenguaje móvil y abierto que parece ajustado a los tiempos tecnológicos que corren y al que los últimos trabajos le ha sumado como una especie de apunte ecológico. A Casterán le gusta hablar de lo que hace como “pintura dialéctica”, recogiendo un término acuñado años atrás por el crítico Ernesto Heine, con referencia a sus trabajos, que según él, define muy bien “el espíritu de estas obras de planos sumados”.
En su propia teoría (la de Casterán) “cuando el sujeto visor se enfrenta a contenidos plásticos tan diversos como los que resultan por ejemplo de diez pinceladas agitadas, de ocho bandas de color de límites precisos y de la imagen de una mujer registrada en forma absolutamente fotomecánica, tiene a menudo la tentación de preguntar cuál de estos es el tema principal. La respuesta es: en cierto modo, todos pero en rigor ninguno.
Las relaciones entre “las cosas” – y no las cosas” – constituyen el tema de estas pinturas. Cada parte no es una obra completa. Aporta al conjunto lo que tiene y reclama de las partes vecinas lo que no tiene. Los mutuos reclamos de frío-calor, emoción-razón, negro-color, crean una atadura dinámica de las partes, un tejido de dependencias. Generan interacciones y procesos de completamiento en los que el espectador, inmerso, debe “actuar”.

Casterán en Carrasco

Es así que el más reciente, y sin duda el mayor de sus trabajos, Jorge Casterán lo llama “Pintura Dialéctica en 6 telas”, y conforma una instalación que domina una de las paredes principales de la nueva Sala de Partidas del Aeropuerto de Carrasco. Está constituida por seis planos de 1.50 x 1.20, yuxtapuestos; que en su totalidad superan los siete metros. Las obras de Casterán empiezan a incorporarse a los espacios públicos en 1976 en el local de Banfed en el Centro. Se trataba de cinco pinturas de carácter mural ejecutadas sobre placas de madera, que luego fueron desmontadas cuando el local cambió de destino. Luego aparecen sus trabajos para Industrias Fotográficas del Plata, Edificio Cap Sa Sal y Edificio Seaside de Punta del Este, Hospital Pereira Rossell, NMB Bank de Pocitos, Paysandú y Centro; Torre Libertad. En todos ellos trabajó en estrecha unión con arquitectos que perseguían una ambientación distinta, y en otros casos estaban dedicados al reciclaje.

Un largo camino

En realidad el primer antecedente de Casterán en esa materia hay que ubicarlo en 1973, cuando hace los accesos de Galería Aramayo con pinturas sobre una cortina metálica y vidrios, prolongando su actividad de diseñador gráfico a la arquitectura, y concretando lo que en un momento fue un novedoso aporte al “paisaje urbano”.

Sus primeras “pinturas dialécticas”, realizadas sobre cuatro o cinco telas sumadas horizontalmente y sobrepasando a menudo los tres metros de longitud datan en realidad de 1979. “Eran – lo cuenta el mismo Casterán – francamente el producto inevitable de urgencias expresivas y aunque algunas de ellas alcanzaron buena receptividad al ser exhibidas en una muestra individual de la Alianza Uruguay-EE.UU., realizada ese mismo año, en los hechos estaba enormemente preocupado, pensando en el tamaño de depósito que iba a tener que arrendar para guardarlas. No tuve necesidad de hacerlo, por suerte. La entusiasta adhesión que estas obras provocaron en algunos arquitectos y diseñadores de interiores, y la audacia de muchos clientes, han hecho en estos diez años, más de sesenta obras de gran formato se encuentren formando parte de la vida de muchas personas, en casas y oficinas. Es un hecho asombroso, si se lo piensa desde la perspectiva de un mercado tan proclive al pequeño y amigable cuadro de caballete. En 1980, en acuerdo con la HMK Fine Arts de Nueva York, realicé 4 series de serigrafías que formaban suites de 2.80 por 1.00 mt.” Las pruebas de artistas de esas series, conformaron luego el envío de Jorge Casterán a la Bienal de San Pablo.

 
 
 
Miguel Carbajal
 
 

> Texto Miguel Battegazzore

> Texto Nelson Di Maggio

> Texto Hugo García Robles

> Texto María Luisa Torrens

     
     
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