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.....No
parece conveniente resumir a Casterán en sólo una lectura
lineal: la de aplaudir la solvencia técnica de sus trabajos o reconocer
la armonía cromática con que se mueve a través de
grandes formatos. La vigencia de un Casterán que menudea en murales,
ha realizado por lo menos una decena de obras vinculadas a espacios públicos
y es obviamente un plástico que sabe llegar a la gente, corre por
el andarivel de un lenguaje móvil y abierto que parece ajustado
a los tiempos tecnológicos que corren y al que los últimos
trabajos le ha sumado como una especie de apunte ecológico. A Casterán
le gusta hablar de lo que hace como “pintura dialéctica”,
recogiendo un término acuñado años atrás por
el crítico Ernesto Heine, con referencia a sus trabajos, que según
él, define muy bien “el espíritu de estas obras de
planos sumados”.
En su propia teoría (la de Casterán) “cuando el sujeto
visor se enfrenta a contenidos plásticos tan diversos como los
que resultan por ejemplo de diez pinceladas agitadas, de ocho bandas de
color de límites precisos y de la imagen de una mujer registrada
en forma absolutamente fotomecánica, tiene a menudo la tentación
de preguntar cuál de estos es el tema principal. La respuesta es:
en cierto modo, todos pero en rigor ninguno.
Las relaciones entre “las cosas” – y no las cosas”
– constituyen el tema de estas pinturas. Cada parte no es una obra
completa. Aporta al conjunto lo que tiene y reclama de las partes vecinas
lo que no tiene. Los mutuos reclamos de frío-calor, emoción-razón,
negro-color, crean una atadura dinámica de las partes, un tejido
de dependencias. Generan interacciones y procesos de completamiento en
los que el espectador, inmerso, debe “actuar”.
Casterán
en Carrasco
Es
así que el más reciente, y sin duda el mayor de sus trabajos,
Jorge Casterán lo llama “Pintura Dialéctica en 6 telas”,
y conforma una instalación que domina una de las paredes principales
de la nueva Sala de Partidas del Aeropuerto de Carrasco. Está constituida
por seis planos de 1.50 x 1.20, yuxtapuestos; que en su totalidad superan
los siete metros. Las obras de Casterán empiezan a incorporarse
a los espacios públicos en 1976 en el local de Banfed en el Centro.
Se trataba de cinco pinturas de carácter mural ejecutadas sobre
placas de madera, que luego fueron desmontadas cuando el local cambió
de destino. Luego aparecen sus trabajos para Industrias Fotográficas
del Plata, Edificio Cap Sa Sal y Edificio Seaside de Punta del Este, Hospital
Pereira Rossell, NMB Bank de Pocitos, Paysandú y Centro; Torre
Libertad. En todos ellos trabajó en estrecha unión con arquitectos
que perseguían una ambientación distinta, y en otros casos
estaban dedicados al reciclaje.
Un
largo camino
En
realidad el primer antecedente de Casterán en esa materia hay que
ubicarlo en 1973, cuando hace los accesos de Galería Aramayo con
pinturas sobre una cortina metálica y vidrios, prolongando su actividad
de diseñador gráfico a la arquitectura, y concretando lo
que en un momento fue un novedoso aporte al “paisaje urbano”.
Sus
primeras “pinturas dialécticas”, realizadas sobre cuatro
o cinco telas sumadas horizontalmente y sobrepasando a menudo los tres
metros de longitud datan en realidad de 1979. “Eran – lo cuenta
el mismo Casterán – francamente el producto inevitable de
urgencias expresivas y aunque algunas de ellas alcanzaron buena receptividad
al ser exhibidas en una muestra individual de la Alianza Uruguay-EE.UU.,
realizada ese mismo año, en los hechos estaba enormemente preocupado,
pensando en el tamaño de depósito que iba a tener que arrendar
para guardarlas. No tuve necesidad de hacerlo, por suerte. La entusiasta
adhesión que estas obras provocaron en algunos arquitectos y diseñadores
de interiores, y la audacia de muchos clientes, han hecho en estos diez
años, más de sesenta obras de gran formato se encuentren
formando parte de la vida de muchas personas, en casas y oficinas. Es
un hecho asombroso, si se lo piensa desde la perspectiva de un mercado
tan proclive al pequeño y amigable cuadro de caballete. En 1980,
en acuerdo con la HMK Fine Arts de Nueva York, realicé 4 series
de serigrafías que formaban suites de 2.80 por 1.00 mt.”
Las pruebas de artistas de esas series, conformaron luego el envío
de Jorge Casterán a la Bienal de San Pablo.
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